- "Los obreros van todos al cielo."
- "Antes prefiero morir a ver a la derecha en el poder."
- "España va bien." (Dicho el mismo día en que el Gobierno reconoció 3,5 millones de parados en España.)
¿Qué se le va a hacer? Aunque erróneamente está convencido de que yo soy "un señorito de derechas" es un hombre simpático y amable y a pesar de todo voy allí porque no tengo que pedir el desayuno sino que me lo sirven automáticamente al entrar y porque me guardan el periódico para que pueda leerlo en paz en una esquina.
Desayuno de solterista treintañista
1 - Nestea, servido en tubo vertical con hielos.......1,50 Euros
2 - Un <<croissant>> a la plancha.......................1,50 Euros
3 - Un café cortado.......................................80 céntimos (precio socialista; yo, en realidad, pago 1,50 Euros)
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Total.......................................................4,50 Euros
Por un lado.
Por otro: Hace poco me corté la melena y ya de paso corté con el movimiento hippie que, total, se vendió por unas puñeteras Nike. Llevaba demasiados años luciendo pelito largo, melenita, y estaba cansado de ir recogiendo bolas de pelo por casa. Tijeretazo y de sopetón "look" nuevo, más joven, según dicen. Vale.
Con tal suerte que hace pocos días, sin haber llegado a desayunar aún (y yo antes de desayunar suelo estar poco propenso a amabilidades), encontrábame yo en el citado estalecimiento cuando una granulosa voz femenina me esputa:
- Está usted mucho más guapo así.
(Se refería al corte de pelo. Se conoce que ya me tenía fichado de verme allí todos los días...)
Una abuela octogenaria de esas que desprenden un olor como a garbanzo cocido, como a piso de alquiler abandonado, era la autora del comentario. Y yo ahí aún sin mi desayuno ni mi periódico...
- ¡Ah! ¿Usted cree? ¿Eh? - respondí, muy secamente, evitando cualquier contrarespuesta.
La abuela se debió quedar (se quedó) algo sorprendida sobre todo porque no me digné ni a mirarla y raudo como el rayo el camarero rojo me sirvió el desayuno antes de que fuera capaz de soltarle alguna de mis perlitas (que también las tengo) a la vieja.
Y ahí efectivamente terminó la conversación entra la octogenaria y yo.
...
Varios días después encontrábame yo en el mismo estableciemiento aunque en esta ocasión acompañado de una mujer. Don Edesio, rojo, sirviéndonos el desayuno a ambos, relató a mi acompañante el episodio de la vieja, que yo no le había contado.
- ... pues sí, señorita. El otro día una Señora le dió un cumplido y él ni se inmutó... ¡Ni se inmutó!
Mi acompañante al oír la historia en boca de Don Edesio me miró como solicitando algún tipo de explicación. Aunque ella conoce mi opinión y mi posicionamiento con respecto a las guerras intersexuales españolas no parecía compartir mi aparente falta de amabilidad hacia la vieja. Me dispuse a explicarle a mi acompañante lo que sigue:
- Vamos a ver, Leia (nombre ficticio, en realidad mi acompañante se llamaba Elia)... ¿Por qué razón se sobreentiende que debo alegrarme y ponerme de rodillas porque una vieja pelleja me llame guapo? Yo no quiero ser guapo, ni lo necesito. No soy una mujer, no vivo de eso, no me hace ilusión. No tengo que estar agradeciendo gestos que, en realidad, son egoístas. Veamos por qué: Esa vieja lo que quería era conversación, cháchara, y ha actuado convencida de que llamándome guapo puede tenerme ahí para entretenerla, como a un bufón o un perro, como si no tuviera los minutos contados por la mañana.
- Ven aquí, perrito guapo.
-Arf, guau guau....
Pues mira no. Soy un hombre, no una mujer ni un perro, y no se compra mi voluntad llamándome guapo. Llamarme guapo y esperar que entretenga a cualquiera que me lo dice NO es alagarme, es hacerme de menos, es ningunearme y tratarme como a un perro. Instintivamente la vieja se creía que sin importar lo que yo tuviera o quisiera hacer, llamándome guapo yo lo abandonaría todo y me dedicaría a entretener su vacía existencia.
- ¡Oh! ¡Gracias, Señor! ¡Una mujer que reconoce la belleza anatómica de mi grosero body!
Lo de ir llamando guapa a la gente por sistema, sobre todo a las mujeres, no sólo es ridículo sino que es ofensivo, sobre todo cuando la sociedad obliga a llamar guapa a gente que es insobornablemente fea.
- ¡Wapaaaaaaaaaa! ¡Ven aquí, cari! (Abrazos estruendosos y otros aspavientos.)
Yo no quiero ser guapo, quiero ser feo. Que me admiren por guapo no tiene mérito, lo que lo tiene es que te admiren siendo feo. Lo meritorio es ser guapo siendo feo, no ser insulsamente, estérilmente, guapo. No me "pone" que me admiren físicamente, me pone que quieran follarme siendo feo. Cuando me llaman guapo es como si me llamaran "maniquí" es como si ya no pudiera ser cualquier otra cosa, como si tuviera que agradecer de por vida ese reconocimiento, como si reconocerme guapo pasara por no reconocer ninguna otra virtud.
- Pues yo creo que eres un chico muy guapo... No puedes quejarte.
- ¿Pero es que no ves que yo como mierda, puta?
He escrito mucho en otros foros sobre el falaz culto a la belleza (ni siquiera, en realidad es un culto a la juventud, a la inconsciencia, a la simetría anatómica y la extrema delgadez, más que a la belleza). Los que me conocen saben lo que opino al respecto, que no es poco. Si hoy en día la feminidad es lo tontita que una sea, la belleza masculina es lo imbécil que uno sea. Por ello llamar guapo a un hombre es insultarlo, es negarle la masculinidad, el arrojo, la presencia o cualquier otra virtud que pudiera tener previamente. Llamar guapo a un hombre es tratarlo como a una mujer.
Interpreto que el problema de fondo es el alejamiento de la mujer española del hombre, alejamiento y desconocimiento. La mujer española, aunque ella prefiera creerse maestra de la seducción, no conoce al hombre, no sabe qué ofrecerle, no sabe cómo hacerle sentir reconocido y no sabe cómo hacerle sentir deseado. Si mostrarle las tetas, o llamarle guapo, o ponerse tacones no le funciona se queda sin recursos. En su inmensa ignorancia emosexual la española ofrece al hombre aquello que a ella le gustaría que no es otra cosa sino que la llamen guapa reguapa. Se equivocan los que dicen que la mujer conoce al hombre pues la mujer sólo conoce al hombre que la persigue por amor o deseo. Fuera de este escenario el hombre es para la mujer un perfecto desconocido, temible y extraño. La vieja pendeja se quedó extrañada pues no concibe que un hombre no se ponga a sus pies después de haberle dado la femenina golosina de llamarle guapo. Ninguna mujer puede concebir eso, ni quiere. Antes preferirá pensar que soy bujarra, o psicópata, o cualquier otra historia más acorde con sus previas convicciones.
Dicho de otro modo, la vieja me trató como si yo fuera una mujer, no un hombre. Ni más ni menos. Que lo hiciera por inercia, irreflexivamente, no quita que lo hiciera, ni me obliga a mí a ser su bufón matinal. Cuando esa vieja, o cualquier otra, sepa verme como algo más que un maniquí metrosexual sin voluntad ni misión alguna, quizá estaremos capacitados para mantener una conversación.
Se dice, erróneamente, que los hombres no saben "entrar" a las mujeres. Es muy posible que sea así, pero eso no conlleva que las mujeres "entren" mejor a los hombres. Por otro lado: ¿Cómo reaccionan la inmensa mayoría de mujeres cuando las intentas generosamente agasajar? Ninguneándote. ¿Cuántas veces os han llamado "guapos" mujeres que luego no os chupaban la polla ni se tragaban vuestra leche?
Mi acción con la vieja o, mejor dicho, mi reacción, no es sino una cuestión de equilibrio social. Gracias a mi reacción la sociedad entera es un pelín menos hembrista.
Si todos actuáramos así, reivindicativamente (el límite es el cielo), porque yo lo valgo, no eres suficiente para mí, esto es un casting de putas... Si lo hiciéramos...
Equilibrio.



